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Todos conocemos la fecha de nuestro nacimiento, esa que celebramos y llamamos cumpleaños. Ese día maravilloso cuando la vida nos llamó con fuerza y nosotros dijimos SI a todo, aunque en ese momento no estábamos conscientes de eso.
Existen distintas maneras de identificar quienes llegaron primero y quienes después, es decir, quienes son mayores y quienes menores dentro de un grupo familiar. Las evidencias como, por ejemplo; la partida de nacimiento, la cédula de identidad, nuestros padres e inclusive hermanos pueden darnos luces de las fechas de nacimiento de los miembros de una familia.
Hasta aquí vamos bien, es fácil… ¿verdad?
Ahora bien, ¿les ha pasado o les pasa, que a veces sentimos que estamos ocupando otro lugar dentro de la familia? Probablemente en muchísimos casos no nos damos cuenta de esto, porque vivimos sumergidos en un campo energético inconsciente, en donde creemos que regañar y decirle que hacer a nuestros padres, o esperar que cambien para entonces nosotros tomar algunas decisiones, es un comportamiento “normal”.
Hemos heredado de la coherencia horizontal (externa) creencias y patrones de la sociedad, la religión, la cultura y los clanes familiares. Hemos heredado frases y maneras de hacer las cosas y que hemos adoptado como únicas para pertenecer, para ser mirados, amados y reconocidos. Heredamos lo “normal” como una forma de vinculo que nos une a la familia; vinculo, por supuesto, sostenido en el amor y en la creencia inconsciente de que podemos salvar a nuestros padres, o a otro miembro de la familia de vivir su propio destino; un destino doloroso.
En el camino del autoconocimiento no existe lo malo y lo bueno, solo existe RECONOCER LO QUE ES.
En ese sentido, cuando logramos entender o darnos cuenta, (lo ideal sería de la mano de un terapeuta, buscar ayuda es primordial), que no podemos cambiar lo que vivieron los que llegaron primero, podemos entonces retomar nuestro
lugar, desde la mirada sistémica, específicamente con las Constelaciones Familiares, ese movimiento se llama “RESTABLECER EL ORDEN”.
Si por amor inconsciente nos hemos creído la madre de nuestra madre es un buen momento para honrar la historia dándole a todo y a todos un lugar.
Incluyendo con amor y respeto a esos que llegaron antes que nosotros y que muchas veces no tenemos la más mínima idea de la fecha de su nacimiento, pero sabemos que llegaron antes y que son parte de nuestra familia, pertenecen. Es un buen momento también para preguntarnos ¿Qué paso atrás
que sin darme cuenta me ocupe? y al hacerlo descuide mi propio lugar.
Lo que hacemos desde esta mirada siempre es desde un amor profundo hacia nuestro árbol familiar, pero al final del día queridos amigos lo que más quieren nuestros ancestros es que les demos un lugar; respetemos, agradezcamos y honremos sus historias como fueron y sobre todo que vivamos plenamente nuestras vidas en honra de ellos en nuestro propio lugar.
¿Qué significa esto?
Pues, si soy la hija mayor, estoy completa en mi lugar, igualmente si soy la segunda, o la tercera, la más pequeña o la única hija. Desde el lugar que me toco nacer en mi clan familiar vivo mi vida completa en una nueva consciencia que me permite ser abrazada por la historia detrás de mí y que con suave brisa me sopla mostrándome el camino.
Un camino diseñado por nosotros mismos, en donde somos totalmente responsables y conscientes de las consecuencias de todas nuestras decisiones.
Solo en nuestro propio lugar tenemos chance de vivir nuestro propio destino.
Con amor
Ligia Claret